4º año de secundaria, clase de psicología. La profesora tocó el tema de la amistad, calculo que porque se venía el festejo de esa fecha. Además nos habría hablado acerca de su importancia. Después de eso, se le ocurrió preguntar a cada una sí teníamos una mejor amiga. Así fue una por una. Ese año junto con SASKAVEUS nos sentábamos en la última fila, sí al fondo del salón. Le encontrábamos tal gustito que nos acomodamos allí desde el primer día de clase (si mal no recuerdo). De pronto le tocó responder a Jackeline, ella sí tenía una mejor amiga, y cuando la profesora le preguntó, quién era, sin pensarlo dos veces respondió: ´Es Sara´. Cuando escuché mi nombre no pude evitar mi cara de sorpresa. ¡Claro! Yo ni enterada estaba que era su mejor amiga. Sin dejarme reponer del asombro, la profesora me preguntó si ella era también mi mejor amiga. De pronto todas las miradas puestas en mí, y con ellas la inocente mirada de Jacky. Todas esperaban mi respuesta. Mis pensamientos corrían a mil, y con gran rapidez traté de poner las cosas en la balanza y pensé. A ver... sí digo...claro... Jaqui es mi compañera, osea... no pertenece a mi grupo, me cae súper, es muy buena, alegre, mmm qué situación, trágame tierraaaaaaa!!!! Help me!!! En fin, miré a la profesora y le dije ¿SÍ? No sonó muy creíble, pero al fin y al cabo fue un sí. Mi grupo de amigas me miraban como diciendo, ni tú te la crees y se reían del incómodo momento que me había tocado vivir. Jacky me miraba muy contenta y desde ese día tuve una nueva mejor amiga. Lo último que supe de ella es que está viviendo en los Yunaites.
Bienvenidos a Raíces Chosicanas
Aquí compartiré algunas anécdotas, pensamientos, vivencias, un poco de todo con todos =)
lunes, 24 de octubre de 2011
viernes, 21 de octubre de 2011
SASKAVEUS
Para la clase de anatomía en 4º año de secundaria, año 94, teníamos que inventar un espécimen con particulares características, algo nunca antes visto. Nuestra profesora era una maestra con todas las letras. Era una de mis favoritas. La quería un montón. Todas sus clases eran muy bien explicadas e ilustradas con imágenes que ella misma hacía en la pizarra, siempre terminaba manchada de tizas con las las que coloreaba sus (para mí) perfectos dibujos. Ese proyecto lo teníamos que hacer en grupo. Yo ya era parte de uno. De esos que con tus compañeras eres muy compinche. Te conocen y las conoces muy bien. De esas con las que sales al recreo y se matan de risa. De esas con las que también se juntan en alguna casa fuera del colegio. Éramos, Karina, Silvia, Verónica, Ursula, Sandra y yo. Sí todas mujeres porque el colegio no era unisex. Esa mañana la profesora nos dio todas las pautas para inventar algo nunca antes visto, oído, olido, ni tocado. Después de rompernos un poco la cabeza inventando las características del bicho o cosa creada por nosotras, le teníamos que poner un nombre. Y no teníamos ni la más pálida idea de cuál sería. Después de seguir debatiendo un poco más, no sé a quién se le ocurrió que uniéramos las iniciales de nuestros nombres. Al final nuestro invento se llamó: SA.S.KA.VE.U.S. Claro! Se volvía un debate sin fin entre Silvia, Sandra y yo (Sara) para ver de quién era la SA que iba adelante, para mí esa SA era la mía, en fin, quedamos muy contentas por el trabajo final. No recuerdo las características que tenía SASKAVEUS pero recuerdo que tuvimos que exponer nuestro trabajo y lo hicimos muy bien. Desde ese día nuestro grupo se llamó SASKAVEUS. Un grupo de amigas que aunque Ursula esté hoy en España, Karina, Silvia y Verónica en Perú, Sandra en Venezuela y yo en Buenos Aires, sabemos que la distancia no puede terminar con esa amistad tan grande que en esa época supimos sembrar. SASKAVEUS FOREVER. Tengo muchas anécdotas más de la secundaria, Ursula me pidió que las contara, pero esas vendrán en los próximos escritos, lo prometo...
sábado, 24 de septiembre de 2011
23 de septiembre
Hoy 23 de septiembre Daniela cumplió un añito de vida. Un día como hoy, el año pasado, a las 19 y 49 nacía mi cuycita. Un día como hoy, el año pasado y al mediodía, yo entraba a la maternidad hasta esperar la dilatación necesaria para el parto. Fueron horas de espera y muchísimo dolor. Mezcla de impaciencia, de ansiedad, de curiosidad. Hoy 23 de septiembre a las 18 y 4 llevaron a Daniel al quirófano. Son las 19 y 28 y aún continúa allí. Nuevamente se mezclan sentimientos. Fue una semana muy difícil tal cual fue el año pasado. Yo espero en la habitación, Daniela está con sus abuelos y Pato. Aunque estemos separados nuestro espíritu se mantiene unido y con él, el Espíritu de Dios. Que nos fortalece y nos guía. Gracias Dios por este día, gracias por mantenernos cubiertos con tu Manto Sagrado. Gracias infinitamente por nunca soltarnos. Hoy 23 de septiembre ya son las 19 y 32 aquí te espero cuy, y la cuycita nos espera en casa. Mañana será otro día...
El día que creí en Dios
Desde chica me enseñaron a rezar bajito y a respetar la religión. Solía ir a la iglesia todos los domingos bien temprano, colaboraba poniendo flores a los santos, y me sabía de memoria todo el programa de la misa. Con respecto a ese tema no sé cuándo ni por qué mi primo hermano Le. comenzó a actuar de manera “extraña”. Lo “extraño” no sólo lo era para mí sino también para mis demás primos (éramos todos niños en aquella época, nos llevamos por apenas 1 o dos años). No recuerdo cuál era mi edad exacta pero lo que sí recuerdo es que su forma de hablar con Dios me daba mucha risa. Solía ir a casa de mi tía ella vivía con sus cuatro hijos, Le. el mayor luego vienen Fl. Ma. y Lu. Una de esas tardes en su casa Le nos invitó a Ma, a otra prima Sa y a mí al templo que él mismo había construido. Ese templo quedaba en uno de los andenes del cerro. Era una especie de casita bien armadita con algunas esteras de paja, de puerta tenía una cortina y adentro había una alfombra, la biblia y una especie de altar. Con las chicas mirábamos todo asombradas, y al mismo tiempo no podíamos contener la risa. Él estaba serio, y muy seguro de lo que hacía. Nos invitó a hablar con Dios. Yo no entendía qué era eso. Si bien nosotras estábamos acostumbradas a rezar, y a hacerlo en voz baja sin molestar a nadie y hasta lo hacíamos vergonzosamente. Las risas se transformaron en burla pero tratábamos de ocultarla. Era obvio que él se daba cuenta pero no nos decía nada. Nos arrodillamos sobre la alfombra y después de un Padre Nuestro que rezó a viva voz mirando hacia el cielo como dirigiéndose a “alguien” y al mismo tiempo moviendo las manos efusivamente. Nosotras, cómplices de la risa, la burla casi a punto de la carcajada nos tapábamos la boca y los ojos nos lagrimeaban por tanta contención. Él no nos podía ver porque tenía los ojos cerrados. Cuando terminó de rezar, se dirigió a “alguien” diciéndole que esa tarde “Él” nos hablara. Tomó en sus manos la biblia, y la abrió como al azar. Si me preguntan cuál fue la palabra exacta, o el capítulo o versículo de la palabra que leyó les mentiría si les digo que la recuerdo. Lo único que recuerdo y me quedó bien marcado es algo que con mis palabras entendí que “Él nos perdonaba aunque nos burláramos. Fue tal nuestro asombro, que nunca más nos olvidamos de ese día, esa tarde, en ese pequeño santuario. Definitivamente Dios estaba allí, en un lugar tan recóndito, tan simple, tan hecho con amor y con fe. En ese Padre Nuestro rezado con tanto fervor a pesar de nuestras burlas. Ese día creí en Dios. Ese día Dios nos habló.
sábado, 10 de septiembre de 2011
¿Un cuarto de qué?
Odiaba cuando mi mamá me mandaba a hacer los mandados. Los domingos ése era uno de mis temas de confesión: “Padre no hago caso a mis papás y reniego cuando me mandan a hacer cosas”, admitía. Lo máximo que me mandaba a rezar eran cinco padres nuestro y cinco avemarías. El odio era porque durante todo el camino tenía que repetir en mi mente la lista de compras para no olvidarla. Recuerdo una anécdota con unos fideos de los cuales me costaba recordar el nombre.
“Sary, anda a comprar”, dijo mi mamá. Yo respondí renegando: “¿Qué compro mamá?”. “Un cuarto de entrefino delgado”. Me dio la plata (justa) y salí corriendo y repitiendo: Un cuarto de entrefino delgado, un cuarto de entrefino delgado... (Bajé corriendo las escaleras, cruzé el patio, bajé más escaleras, abrí el portón principal. Subí escaleras, corrí un trecho de camino de tierra, hasta que al fin subí las escaleras de la tienda y antes de entrar a la tienda de David, paré y pensé: ¿Qué era?). “Mámá!!!”, grité yo, cual vendedora de tamales. Ella, se asomó por la ventana muy asustada y preocupada por el grito. “Un cuarto de qué!!!”.
Y ni qué decir de las veces que tenía que ir hasta el mercado.
miércoles, 6 de julio de 2011
Chanchito, levis, pasada, levis con palmada, pasada con palmadas... qué esfuerzo hice para recordar los nombres de cada desafío hasta llegar a ganar en el juego de yaces. Lo que lograban una pelotita y 5 o 6? yases de fierro o plástico no tiene nombre. Recuerdo que lo jugaba con mis primas y en el cole con mis compañeras de clase. Y como en todo juego, en el caso de las primas la que destacaba era Flor, no saben la rabia que nos daba a las demás porque cuando ella empezaba se apoderaba del juego y no perdía nunca. No sé cómo lo lograba pero era ya no ya! En el colegio a veces se nos hacía difícil jugar porque nunca faltaba algún chico travieso que nos quitaba la pelota o nos pateaba los yaces. Un día escuché que sumergiendo la pelotita en kerosene crecía al triple de su tamaño. Cómo soy tan curiosa lo hice y era verdad!!! la pelota creció un montón y jugar con ella era más divertido.
| Qué tiempos aquellos! |
lunes, 13 de junio de 2011
¿Cómo le dices de cariño a tu espos@, novi@, enamorad@?
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| Smile!!! |
- Dificilmente suelo llamar a mi esposo por su nombre. Y si lo hago es cuando estoy enojada con él, o cuando le llamo la atención por alguna cosa. Cariñosamente le digo: cuy, cuycito, wino (por el oso), pupúpu, pichichus, cholo, curucuru, y luego también palabras que las inventa él en otro idioma. Es muy lindo sentirse amad@ por alguien no? ¿Y tú cómo le dices a el o a ella cariñosamente?
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